LA MIRADA GESTÁLTICA: llegar al secreto

Casi todo el mundo suele saber cuándo tiene ganas de hacer pis. Casi todo el mundo se da cuenta de un modo similar porque, si uno está sano, la secuencia se repite. Al principio notamos un leve cosquilleo en la zona del abdomen que cada vez se vuelve más intenso. Cuando “pensamos” con más detalle esa sensación, tomamos contacto con la necesidad de orinar. Y cuando lo hacemos, satisfacemos esta necesidad contactando con el ambiente con la conducta sensorio-motora más extendida: buscar un lugar privado en el que orinar y asearnos. Inmediatamente después de la atención de esta necesidad, sentimos un enorme placer: tanto más cuanto más hemos tenido que esperar por satisfacerla. 

Esto lo documentaron muy bien Laura y Fritz Perls, padres de la Terapia Gestalt, usando como metáfora el modo en que las personas percibimos la realidad. Alrededor de los años cincuenta, la escuela de psicólogos alemana comenzó a darse cuenta en el laboratorio de algunos hechos muy interesantes sobre cómo vemos las cosas. El más usado, y el que más escucharás en el ámbito de la Terapia Gestalt, es el fenómeno de figura-fondo. Que entenderás con un sencillo experimento:

Mientas lees esto, estas viendo negro sobre blanco. Esto es, estás viendo estas letras que estás leyendo. Ahora ves una “A” y ahora ves una “B”. Da igual si lees esto en un folio impreso, en la pantalla de un ordenador o en la pantalla de tu móvil: mientras lees las letras sólo ves las letras. Sin embargo, ahora mientras lees puedes ver cómo se mueve tu mano derecha. Ves las letras, pero comienzas a ver tu mano derecha. De hecho, si miras completamente y fijas la atención sobre tu mano derecha, dejas de ver lo que estás leyendo. E, incluso, si vuelves a la lectura, puedes seguir leyendo sin dejar de ver tu mano derecha por el rabillo del ojo. Por eso decimos que algo se hace “figura” en nuestro campo perceptivo sobre un “fondo” más general. Cuando prestas atención a las letras del texto que lees, las letras se te hacen figura sobre el fondo, que pasa a ser todo lo demás. Cuando comienzas a percibir también tu mano derecha, la propia mano pasa a hacerse figura y el texto se desplaza hacia el fondo. 

Esto es así porque el contacto lo organiza la figura de interés contra un fondo del campo organismo/ambiente (Perls et al., 1951). En otras palabras: cuando estás buscando a alguien que te viene a recoger en un coche rojo, no paras de ver coches rojos. Cuando estás pensando en irte de viaje por vacaciones, no paras de ver anuncios de destinos interesantes o cuando buscas a alguien conocido entre la multitud, ves con más facilidad a personas de rasgos similares.  Por eso decimos que cuando una necesidad es satisfecha (como encontrar a alguien, beber, alimentarnos, orinar o expresar afecto...), la gestalt que lo organizó en nuestra cabeza se completa y deja de ejercer influencia. Es decir, nuestro organismo está en reposo y libre para formar nuevas gestalt sobre nuevos temas a través de nuevas figuras que destaquen sobre otros fondos. 

Pero en ocasiones las necesidades no son satisfechas porque no somos capaces de identificarlas, o porque al formarlas las destruimos y bloqueamos su satisfacción. Esto sucede especialmente con temas que siempre hemos guardado en secreto, asuntos personales que apenas hemos tratado por vergüenza, para evitar volver a abrir viejas heridas o simplemente por desconocimiento. Es por esto que sin un “darse cuenta”, sin una movilización sobre lo que necesitamos desarrollar en nosotros mismos, los impulsos y las necesidades personales no son expresados, se forman gestalt incompletas que no son satisfechas y se desarrolla la psicopatología (Enright, 1970). Para que nos entendamos: si no nos damos cuenta de qué necesitamos y mantenemos el ciclo psicológico natural de apertura y cierre de gestalten, enfermamos. 

Así es que en Terapia Gestalt decimos que el terapeuta no le dice al paciente lo que ha descubierto acerca de él, sino que le enseña a aprender a darse cuenta de sí mismo (Yontef, 1969) de modo que pueda no sólo satisfacerse, sino también descubrir qué formas de sí mismo o de sí misma rechaza frecuentemente. La vergüenza, la culpa, las normas sociales, la razón, la moral a menudo favorecen la formación de gestalten que nunca serán satisfechas. Y de este modo la autorregulación organísmica se deteriora, forzándonos a acudir a por respuestas a ideas ajenas a nosotros en la medida en que no somos capaces de percibir ciertas partes de nosotros mismos, ámbitos de nuestro auto-funcionamiento que sin la participación de la terapia permanecen siempre a ciegas. 

En Terapia Gestalt aprendemos a vernos, descubrimos cómo evitamos los darse cuenta, profundizamos en los distintos modos que hemos ido desarrollando para no satisfacernos espontáneamente. Mi tarea como terapeuta es proporcionar un momento, una oportunidad para crecer en el ámbito de estas interrupciones. Porque la enfermedad no está en el bloqueo, la enfermedad está en la ausencia de consciencia sobre cómo funcionamos. 

 

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