He recibido esta carta de un paciente pidiéndome que difunda su experiencia. Así lo haré. Por estas y otras muchas razones, amo lo que hago:

"En primer lugar me gustaría empezar diciendo que soy o, mejor dicho, era un completo escéptico del trabajo de los psicólogos.

Me llamo Luis y tengo 45 años, la mayor parte de mi vida he pensado que hay que estar loco para ir al psicólogo, desde hace unos años cambié ese pensamiento por el de: "si tienes un buen amigo con sentido común y sincero, ¿para qué necesitas un psicólogo?" Pues bien, 45 años viviendo en un error; que poco nos cuesta preguntar a un farmacéutico que nos quita el dolor de esto o aquello y cuanto nos cuesta pedirle consejo de ciertos temas a un especialista con una reputación infundada.

Soy empresario, poseo una alta cualificación y una gran capacidad de trabajo, soy divertido, resolutivo, etc. Vamos, una de esas personas que se consideran autosuficientes y con el resuello suficiente para cargarse problemas propios y ajenos a la espalda sin coste personal.

Desde hace unos meses (muy pocos) he tenido la oportunidad de acudir a un psicólogo  y que éste me ayudase (lo sigue haciendo en la actualidad) a revisar un par de posturas vitales. En la frase anterior hablo de oportunidad y no de otro concepto porque, sin duda, es una magnífica oportunidad poder revisar con una ayuda objetiva y cualificada ciertos aspectos de la vida de uno. Ni que decir tiene el valor que tiene poder decir lo que piensas y sientes sin ser juzgado por la persona que tienes frente a ti. 

Los primeros días cuesta algo de trabajo: sacudirse el polvo, la autosuficiencia, los prejuicios, medir al profesional, etc. Entiendo que es parte de mi proceso pero todo la anterior ha supuesto una pequeña pérdida de tiempo. Espero, Ariel, que lo entiendas ... ¡¡¡anda!!! si no me juzgas ... esas fueron mis primeras terapias contigo.

Como persona empírica que soy es difícil que permanezca en algo sin resultados y los resultados han venido muy rápido con el apoyo del psicólogo, el compromiso personal y la pérdida de algunos prejuicios o influencias educacionales.

Nunca había visto a un psicólogo como una herramienta de crecimiento personal, como una herramienta de desatasco de situaciones que creemos saber resolver y empeoramos, en definitiva ... como un asesor de confianza.

Con cada hora de terapia me he sentido mejor, cada hora de terapia se ha convertido en un beneficio personal y, por tanto, colectivo.

 

Gracias Ariel,

 

Luis"

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