El complejo mundo de las rabietas: la alternativa relacional

Ariel Déniz-Robaina

Psicoterapeuta Gestalt

y miembro del equipo del

Instituto Gestalt de Canarias

La vida cotidiana es compleja y está llena de cosas: no sólo en la experiencia de los menores, también en la vida de los adultos a su cargo. Cada vez más información, más estímulos, más recursos… y también más confusión, más elecciones y más demandas que hace algunos años.

En la vida privada, aunque también en la pública, los juegos manipulativos son frecuentes y a menudo nos dan muchos quebraderos de cabeza. Entre los dos y cuatro años pueden aparecer algunas conductas que con frecuencia ponen nerviosos a los padres y madres, incluso a los más tranquilos y las rabietas se llevan la palma. Son uno de los temas más frecuentados en consulta a estas edades. Una rabieta (pataleta, perreta, berrinche…) es una forma inmadura de expresar ira, enojo o frustración. En contra de lo que se piensa, en la mayoría de ocasiones no surgen con la intención de dañar o molestar a los adultos sino que, en realidad, forman parte del desarrollo del niño. Ciertamente, los más pequeños no parecen tener las herramientas suficientes para conseguir algo, expresar malestar u oponerse ante deseos no satisfechos y entonces surge la rabieta como instrumento-hacia-algo. Más tarde esta puede cristalizarse como una manera rápida de conseguir cosas o aliviar la ira, especialmente cuando los adultos a cargo del menor han sucumbido con demasiada frecuencia a estas reacciones. 

Conviene aclarar que una rabieta no es un modo de ser, es un modo de hacer. Esto quiere decir que los niños o las niñas no son perretas sino que tienen perretas. Esto es importante porque, como quizás sabes, a menudo convertimos a los demás en las cosas  que hacen llegando a considerar que los y las menores son lentos, despistadas, desordenadas o caprichosos; por poner algunos ejemplos, cuando realmente no es así. Nadie es lo que hace. Somos más que las conductas que desplegamos. 

Desde el punto de vista relacional, y aquí creo que la Terapia Gestalt desde su especialidad en niños, niñas y adolescentes ha tenido mucho que aportar, todos (incluidos los adultos y los testigos de las rabietas) somos co-autores y co-responsables de cada berrinche que emerge. En efecto, el modo en que reaccionamos ante estas situaciones, especialmente en público, son un elemento más del despliegue de estas conductas durante el desarrollo de los más pequeños.

Tradicionalmente se ha abordado el tema de las rabietas desde el punto de vista meramente conductual, atendiendo a lo que hace el niño y lo que tienen que hacer los adultos a su cargo; obviando así los elementos relacionales (de campo), emocionales e intelectuales que emergen. Estos son clave así que van a ser incorporados en la intervención como parte del apoyo que prestamos los Terapeutas Gestalt en estos casos. 

Pero comencemos por el principio, viajemos juntos exclusivamente a la conducta: el lugar común al que hemos ido tradicionalmente.

ALGUNOS ASPECTOS BÁSICOS DEL CAMBIO DE CONDUCTA Y LA EXTINCIÓN DE PATALETAS BASADOS EN IDEAS CENTRADAS EN EL MENOR Y SU CONDUCTA COMPLEMENTADAS CON LA VERTIENTE MÁS RELACIONAL QUE APORTA LA TERAPIA GESTALT:

  • El peque se frusta, se enfada o no es capaz de soportar la ambigüedad o la espera y amplifica estas sensaciones en forma de pataleta.
  • La pataleta tiene un fin (que no un final, necesariamente).
  • La pataleta se da tanto más cuantos más espectadores son testigos de la conducta.
  • Las pataletas generan ansiedad y malestar en los cuidadores y en ocasiones también en el entorno, incluso cuando no tiene vínculos con el menor.
  • Generalmente no resulta útil ceder ante la pataleta.
  • La crianza no es una guerra, es una expresión de amor. No hace falta que gane usted siempre.
  • Lo más difícil es esperar con paciencia a que el menor se tranquilice reorganizando sus emociones.
  • La reorganización de las emociones muchas veces no es posible sin un vínculo afectivo cercano. La relación cura.
  • Llevarlo a un lugar más tranquilo, con menos interacción o testigos, parece ser eficaz en un primer momento.
  • A partir de este momento podemos comenzar a establecer las bases de lo que más adelante serán su tolerancia a la frustración y su capacidad de autocontrol, que serán suelo y andamiaje de otros logros personales y relacionales.
  • La comunicación aquí puede ser clave: expresando qué conductas pueden ser más apropiadas ante sensaciones de este tipo.
  • “Comprendo tu experiencia emocional” aunque “siento miedo/vergüenza/enfado cuando te veo así” es el difícil equilibrio hacia el que estamos viajando.
  • A menudo el menor puede sentirse inadecuado ante la sensación de que la pataleta es la única manera de alcanzar ciertas metas o satisfacer alguna necesidad. Especialmente a propósito de nuestra reacción ante ellas.
  • Las normas se interiorizan más rápido cuando se aceptan debates y se toman decisiones en conjunto, no siendo posible en todos los casos: especialmente a edades más tempranas.
  • No olvidemos que ciertos dominios personales y relacionales no emergerán más tarde, las rabietas forman parte también de un repertorio de conductas a veces necesarias para hacernos adultos, para ir creciendo.
  • Ignorar las rabietas motivadas por el deseo de llamar la atención o exigir algo es una recomendación muy común. Más adelante veremos que esto sin apoyo sólo hará que despierte en el menor la sensación de ser inadecuado o no sentir suficiente suelo bajo sus pies en la relación con los otros, incluso en los casos en los que la conducta finalmente es llevada a extinción.
  • Hay un hecho básico en el desarrollo consistente en que los más pequeños sienten excitación en muy variadas situaciones y la excitación sin apoyo lleva a la ansiedad. 
  • El elemento básico de apoyo de la excitación es el oxígeno: respirar. Y una buena base para el apoyo es el vínculo, incluso ante las conductas más indeseables.
  • Las conductas llevadas a extinción a menudo aumentan su tasa inmediatamente antes de desaparecer por completo. Es por esto que muchos cambios introducidos por los adultos terminan por fracasar: no por el método en sí mismo, sino por la falta de paciencia y las fantasías de empeoramiento.
  • Las rabietas también son útiles para evitar hacer algo, en muchos casos es eficaz no olvidar que tras la rabieta la conducta meta debe hacerse igualmente (como cepillarse los dientes u ordenar unos juguetes, por ejemplo). La rabieta es compatible con el apoyo emocional pero no se incentiva eliminando las conductas meta que el menor pretende evitar con ella.
  • Cuando las rabietas incluyen golpes, mordidas, tirar objetos o conductas más perturbadoras o destructivas puede ser necesaria la contención física para evitar que se haga daño. Si lo toma en sus brazos, decirle que entiende que está enfadado y explicarle a través de algún ejemplo como maneja usted esas sensaciones puede ser de ayuda.
  • En mi opinión, el castigo físico es del todo innecesario. Sobre todo teniendo en cuenta que con paciencia y un contacto de calidad muchas conductas pueden reelaborarse.
  • Cuando crea que va a perder los nervios, recuerde que el niño o la niña está aprendiendo a sentir. Porque sí, aprendemos a sentir y a elaborar nuestras emociones y pensamientos a lo largo de la vida.
  • Algunos niños y niñas no quieren ser consolados. Respételo y tome al niño en brazos solamente si constata que puede servir de algo. Disponibilidad, la suficiente, sin que el apoyo físico y verbal se convierta en una obligación.
  • Ante la duda, no es ningún fracaso consultar a un profesional. Cuando las rabietas se dan repetidamente en un mismo día, durante varios días seguidos, no sólo en casa sino también en el colegio, a menudo se hace daño en el transcurso de ellas o si aparecen otros problemas de comportamiento; quizás una mirada externa y algo de apoyo puede ser de utilidad.
  • Muchas rabietas suelen remitir alrededor de los cinco o seis años, aunque siempre las indicaciones de edad cronológica son sólo orientativas. El crecimiento no es exacto y los atajos son casi siempre mitológicos.
  • La vergüenza y la culpa son las dos sensaciones más frecuentemente compartidas por los adultos ante las pataletas. Que un niño o una niña a su cargo tenga rabietas no le convierte a usted en un mal cuidador o educador. Recuerde: no somos lo que hacemos, no todo lo que hacemos nos define. Tampoco lo que hacen sus hijos o los menores a su cargo.
  • El humor es una llave muy útil: diluye el conflicto y aligera la tensión. No es lo mismo decir “te he dicho que te pongas ya el pijama” a decir “¿qué te juegas a que yo sólo capaz de ponerme dos pijamas uno encima del otro antes de que tú termines de ponerte el tuyo? 3, 2, 1… ¡intentémoslo!”
  • Toda pataleta se realiza en presencia de otra persona porque todas las pataletas tratan de comunicar algo. Tome un tiempo a desvelar los mensajes ocultos en las conductas que considera indeseables.
  • Evite largas y complicadas explicaciones de reglas y normas, especialmente en edades más tempranas. Frases cortas y ejemplos son suficientes en varios  momentos: racione las consignas. Usted a menudo le corta la fruta en pedacitos más pequeños para que no se atragante, corte la realidad también en trozos más pequeños fáciles de digerir.
  • Incentive que el niño haga preguntas. Añada contenido bajo demanda en lugar de llenar la interacción de discursos. Muchas veces las palabras son un parapeto que impide ver al otro.
  • Su experiencia emocional es importante. Comparta a menudo cómo se siente ante estas situaciones, especialmente con los más pequeños. Esto le proporciona marcadores sobre las sensaciones que despiertan sus conductas en las personas a las que quieren. No haga esto solo ante conductas que cree que deben desaparecer, a menudo olvidamos incentivar más los logros y centrarnos en las soluciones.
  • El vínculo es bidireccional. Elaborar la experiencia con el menor a través de ejemplos es útil como moldeamiento y sirve también de apoyo emocional para usted. Una interacción de más calidad pasa también porque usted añada información sobre la experiencia emocional que va teniendo.
  • Relativice todo esto que ha leído. Si los decálogos y los consejos fuesen útiles para todos, muchas cosas que no deseamos no existirían. Haga sus aportes y experimente. La creatividad es una buena aliada.

UNA NOTA FINAL ANTE EL RECHAZO AL COLEGIO, FRECUENTE EN ALGUNOS MENORES:

  1. Descarte cualquier enfermedad con su pediatra y, especialmente, evite acudir al médico en horario de clase.
  2. Si constatamos que pueda estar fingiendo una molestia o incluso una enfermedad, quitarle importancia.
  3. Asegurarnos de que el profesorado está al tanto, para evitar que lo envíen a casa en mitad de la jornada escolar.
  4. Vincule el camino al colegio o los minutos previos con actividades placenteras y evite en la medida de lo posible las prisas.
  5. Reduzca el tiempo de estudio si va alcanzando objetivos.
  6. Asegúrese de que va aprendiendo estrategias de afrontamiento, respiración y relajación.

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